sábado, 25 de enero de 2020

Caminándome...


     Anoche estuve paseando sola por el centro de Madrid, recordando viejos tiempos y tejiendo nuevas esperanzas. Te busqué entre la gente ( siempre lo hago por si apareces, como un milagro), pero para variar, no estabas.


     Me gusta ese Madrid mío natal tan transitado, tan querido, tan de todos los que lo visitan, el que te cala hondo el corazón cuando te dejas invadir por él con todos tus sentidos... Adoro el bullicio alegre de los bares, el tacto escalofriante de la vetusta piedra, el sabor interrogante del tiempo entre las sombras, la vista - majestuosa y mágica en su conjunto-  de un lugar lleno de pequeñas, medianas y grandes  historias de ayer y de hace tanto...

      En uno de los laterales de la Plaza Mayor, delante de la oficina de turismo ( valiente imagen que damos a los turistas), duermen cada noche unos cuantos sin-techo,  amigos  entre sí por ese lazo que crea a menudo la adversidad compartida en vecindad y asombrosamente organizados por pura supervivencia. Me dieron muchas ganas de quedarme con ellos, hacer un ovillo con mi corazón y olvidarme del mundo para siempre.

     Y recordé la noche que escapé de casa hace muchas primaveras, cuando pensaba que era la más genial aventura y el mejor final-principio que podía darle a mi vida...

     Quizás no sea tarde.

sábado, 18 de enero de 2020

Propongo...



      Propongo reivindicar así una Ley de Educación convincente, justa y perdurable, fruto del acuerdo entre todos los que nos representan, que cuente con la opinión de los que trabajan en las aulas y que vaya en pro del avance de los alumnos y el desarrollo de todas las competencias necesarias para desenvolverse en el mundo de modo satisfactorio y no una nueva ley realizada caprichosamente, según sea el interés de los que legislan...

                     ¿ Te apuntas a mi forma de reivindicación?

                        Nos vemos en clase el  lunes.   ;)

sábado, 11 de enero de 2020

El baile de Dulce



      Imagina que estás pasando unas movidas tremendas en tu familia estas Navidades y que no tienes ganas de mucho... 
      Imagina que estás pendiente de ciertos asuntos que no te dejan dormir...
      Imagina  también que, sin esperarlo, recibes una invitación  muy interesante a un baile de fin de año mítico...y decides ir...

... ... ... ... ... ... ... ...

      Pues sí,  así llegué.. Me había puesto mi vestido largo rojo, ese que tiene un escote de vértigo en la espalda que deja asomar la línea prohibida del deseo... y, como es mi costumbre en Fin de Año, no llevaba ropa interior.  Desde hace mucho tiempo tengo la certeza de que hay que cambiar de año sin ella....

       No conocía ni reconocía a nadie, las máscaras dejaban entrever las miradas, pero nada más. Todo el mundo sonreía...  La luz era tenue  y  unas velas estratégicamente colocadas alimentaban la fantasía.  Sonaba una música inquietante y envolvente...
     
        Había cogido una copa de champán para irme entonando y alguien me tocó el hombro por la espalda. 

           -  ¿ Bailas?- susurró en mi oído una voz pausada y grave.  
   
                          

         No me dio tiempo a contestar. Aquel hombre me agarró firmemente por la cintura y dejé como pude mi copa en una mesa... Su manos eran suaves, pero fuertes; sus labios carnosos y exquisitamente provocadores. Se movía con la facilidad de un bailarín experimentado y me hacía moverme como si yo también lo fuera... Sus manos recorrían mi espalda hasta quedarse en el lugar exacto, en el límite de la ambrosía; su boca quedaba siempre a una distancia perfecta de mis labios entreabiertos. Nuestras almas conectaron en ese instante y también nuestras miradas a través de las máscaras... Olía a un perfume dulce y embriagador, que aún llevo impregnado en mi vestido... Por un instante, mis labios rozaron levemente los suyos. Fueron unos minutos fascinantes, con el misterio colándose por las rendijas del corazón  palpitante y la humedad creciendo asilvestrada bajo la ropa... 

        Terminó la canción y él siguió bailando... con otras. Yo también lo hice. Ya no importaba nada. Nunca olvidaré ese baile...

                                   ¡ Gracias por la invitación, Dulce!